viernes, julio 13, 2007

en agua

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Hoy, cuando tempranamente te llamé al amanecer, dijiste que no podrías almorzar conmigo, que te sentías mal, al momento que ofrecí mi visita al instante, la cual rechazaste con la intención de dormir y relajar. Con algo de pena y las flores en agua, corté el teléfono y me quedé pensando en vos.
Hoy me había tomado el día, por lo cual aproveché de salir en la búsqueda del tan complicado regalo de aniversario, estuve todo el día recorriendo tiendas, sin existir algo que aborreciese más. Estaba con los pies mojados por la lluvia, y
con algo de congestión anunciando un pronto resfriado.
Me senté a beber un café, junto con escribir una carta para ti, para acompañarla con el anillo, que más que aniversario parecía compromiso. Te quería agradecer el ser mi complemento, el ser la chica de la sonrisa especial, que me cambiaba mis ánimos y los tranformaba felicidad pura, el poder verte cada día, escuchar tu voz, y un te quiero, que más que costumbre, es vitalidad. Eres aquella basquetbolista y yo no más que la pelota que en sus manos puedes manejar, aquel balón que puedes hacer girar, tranformar, pero no cambiar. Te quería agradecer el quererme tal cual soy, con mis uñas delgadas,
mis dos lunares, mi cabello desordenado y mi poco frecuente olor a cigarrillo.

Llegué tarde, nunca había demorado tanto en una compra. Cambié de zapatos, prendí la estufa y el hervidor. Mientras encendía la televisión, la señorita anunciaba la noticia del asesinato de una joven, que no ví más que el titular. Tomé el teléfono te marqué, pero contestó tu madre, el corazón me latió desesperado, tú vivias sola. Miré la televisión, y era tu casa, tu cuarto, y tu nombre.

Las flores marchitaron, pero aún las conservo.




Alberto

1 comentario:

Roberto Urra Sandoval dijo...

pobre alberto

el loco las conservó en agua por eso se llama "en agua"



terrible vío yo

:)