Para todo soñador
que había dejado de hacerlo
Para toda alma suspirante
de un romanticismo de cuentos
que había dejado de hacerlo
Para toda alma suspirante
de un romanticismo de cuentos
Caminaba a paso calmado por una tranquila avenida, aunque ya era bastante tarde, y su tranquilidad era por lo solitaria que estaba, iba con dirección a la estación de trenes, con mi pasaje en la cartera, y los últimos cien pesos que me había dejado el pagar las cuentas, y comprar una lapicera fina. Pero como que se me olvido que estaba en la gran ciudad, y que aquella hora era peligroso, cuando lo recordé, un tipo se me acerco a preguntar la hora, mirando fijamente mi reloj Timex, no, no era de los de plata u oro, lo utilizaba para practicar deportes, por si se lo preguntaban, así que no pude tan sólo decir que no lo sabía, y tuve que responder a su pregunta, fue en aquel momento que me mostró un cuchillo filudo y deseoso de pertenencias ajenas, me quitó la cartera, le rogué que me dejara sacar el pasaje y mis documentos, me pasó el carnet de identidad, y algunas identificaciones varias, pero el pasaje lo rompio en cuatro, porque según él, disfrutaba el dolor ajeno.Tenía un pasaje cortado, que no me aceptaría la máquina para ingresar al vagón, pero para mi suerte tenía doscientos pesos de un vuelto en mi bolsillo izquierdo, con él cual llamé, sí, llamé a mamá para que me auxiliara, pero no contesto, llamé a papá y tampoco lo hizo, llamé a mi hermano pero me contestó para decirme lo ocupado que estaba y me cortó. Y ahí se fue mi última esperanza. Era domingo, y ya no había alguien que me ayudara con mi pasaje, por lo cual tuve que dormir en las afueras de una plaza, que tenía una cafetería en su frente. De aquel lugar pintoso apareció un joven, de más o menos veinticinco años, y pues, me ofreció ayudarme, darme alojamiento por el rato que demoraba en pasar la noche, temí, pero más le temí a una ciudad entera a la que me podía enfrentar en la oscuridad de la larga noche.
Me invitó a un café, me preparó un emparedado, y me preguntó que andaba haciendo por estos lados, a lo que le respondí serenamente. Enganchamos rápido, yo no quería dormir, así que vimos una película, de esas romanticonas, y terminamos con esas miradas cómplices, pero yo ya no quería involucrarme con nadie.Conversamos hasta que amaneció, y el me facilitó dinero para el pasaje, el cual yo le depositaría luego. Lo miré a esos ojazos azules que tenía y le dí un beso en la estación abarrotada de gentes.
Tenia la mejor excusa para retornar, cancelar aquella deuda. Me senté y pedí un café, y poder conversar con el encargado, y ahí apareciste tú, que me sonreíste al instante, y te sentaste tomando mi mano. Me platicabas tan rápido que ha ratos me perdía en la trama, pero me extrañabas según tú, yo era especial, y según yo, tú lo eras para mi.
Fue una coincidencia extraña, pero prometimos continuar algo juntos, y hoy llevamos catorce meses, llenos de magia, canciones de pájaros, cargada de cine romántico y cartas de amor cada día.
Y hoy es cuando quieres terminar conmigo, lo presiento, pero, camino tranquila, secándome los ojos, y tratando de no cruzarlos con los tuyos.
Te amaré más allá de cuando rompas esto.
Y no te olvidaré por muchos que pasen por mi esquina.
Magdalena
4 comentarios:
La magadalena se volvió pobre y ahora viaja en tren.
Además la cogotean.
Ay mujer, cuando dejarás de soñar con hombres comprensivos y amables. No existen. No existimos.
Saludos amiga, que te haya ido bien en la Yiuniversiti.
Nos vemos.
Siempre en los momentos que menos uno lo espera y más lo necesita, aparece alguien ofreciéndote una ayuda extraordinaria...
aunque solo suceda en cuentos.
Hace tiempo no pasaba por acá
Saluditos Bárbara!
El cuento está agradable. Yo le hubiera agregado que todo pasaba en vìsperas de navidad y quizás te lo hubieran comprado como guión de pelicula (o especial de navidad de algun sitcom).
Me gustó mucho también la imagen que le estas dando al blog.
Saludos y suerte!
(ah! y exito!)
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