sábado, mayo 03, 2008

grito retardado

Quizá nadie lo lea
o alguien lo burle
que venga y diga,
pues

poco me importa


Sonaba la campanada de las doce, y yo seguía en cama mirando el techo de la habitación. Me sentía si ánimos de nada, con las sonrisas inbosquejables, y tu abrazo lejano escondido entre la niebla de mis pesares. No se cuando llegué aquí y me transformé en tal ánima transparente frente a los espejos, cuando dejé de arriesgar, de cruzar los ríos y tratar de construir aquellos puentes que terminaban siendo destruídos por las corrientes tormentosas.
Era aquella mi suerte, pérdida al otro lado y con el aguacero sobre mis hombros, cuando todo estaba mal, cuando el día se tornaba gris a negro. Me abrazaste, me gritaste un vuelve, me besaste entregándome calor al cuerpo impávido en el cual yacía.
Pero llegaste tarde amor, estaba lejos. Y mis resoluciones no fueron presurosas, fueron consecuencia.




Soledad



> Bárbara




1 comentario:

Roberto Urra Sandoval dijo...

Ese está simpático.
Ánimo amiga.
:)