Para los pequeños,
para que no boten una lágrimas más
para que no boten una lágrimas más
La pequeña llora, no es porque no le compartieron canicas, o se le cayó el dulce, llora porque su mamá la abandonó para siempre, no fue premeditado, fue sin pensarlo ni soñarlo, fue accidental, ella tiene tres años, pero la mentalidad de una de diez, tuvo que saber crecer para aprender entender que ahora ella ordenaba su hogar, y haría su cama, su almuerzo se remediaba en una pan con margarina, y su hermana mayor trabajaba para que ella pudiese comer, claro que para doce años, no estás preparada para ser madre, y enseñarle como ser valiente en esta fauna extraterrestre, salvada y endemoniada, pero no había más solución, la de doce paso a tener veinte, a vender drogas a rato, no lo hacía por ser fácil, lo hacía porque más no sabía, lo realizaba para poder comprar el kilo de pan, y llevarle a ratos un caramelo a su pequeña hermanita.
Antes la visitaban tías y amigas de su madre, ahora que saben que estan solas, y que podrían ser una carga emocional y física para ellas, ya no lo hacen, cuando necesitan a alguien, sólo tienen una fotografía de su madre.
Pero la pequeñita se quiere ir con mamá, en el jardín sólo dibuja rostros tristes, hogares sin colores, y una fotografía familiar fantasma, a veces está sucia, a veces está enferma, a veces está hambrienta, su hermana de doce no puede suplir todas las necesidades, intenta ser buena, pero simplemente no puede, pero ella ya eligió, y partirán a un centro para niños huérfanos, se separarán, pero sabe que más remedio no queda, y más futuro no les espera.
Amanda.
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