lunes, mayo 04, 2009

ultima caminata

Para las situaciones amargas,
e inesperadas

Eran las veintiuno con treinta de un jueves cualquiera de julio, estaba presente esa suave neblina que entumece hasta los huesos, y la luna simplemente se encontraba acurrucada por las nubes, en una callecita oscura de la ciudad, en aquella donde el farol prendía cuando quería, se cerraba la puerta de una academia de baile, y salían de ella un conjunto singular de bailarinas, entre las cuales se encontraba Amanda.
Amanda estaba por cumplir los veinte y tres años, llevaba mas de quince de estos dedicados a la danza, ese día, como todos, encaminaba a su hogar, debía pasar al almacén de la vuelta a comprar alimentos que faltaban en su despensa, cuando vio una sombra de reojo tras de si, era bastante miedosa por lo cual su caminar se volvió bastante mas rápido, y su temperatura, bastante mas helada, estaba a pasos de la tienda cuando vio unas cadenas que envolvían su frontis, un duelo la mantenía cerrada por un par de días, lo cual hizo sonar su estomago de hambre, continuo caminando cuando unas gotitas empezaron a mojar su cabellera, para su suerte, en su bolso mantenía un paraguas para tales ocasiones, pero , lastima que no todo es perfecto, y el paraguas estaba roto, y se negaba a proteger a la joven, quizás le tenia miedo a la lluvia. Continuaba su caminata, cuando sintió un paso fuerte explosionar en un charco de agua cercano, era la misma sensación de hace unos minutos, esa presencia extraña, ese aroma inexplicable y esa tensión en su cabeza que no se borraba por mas que cambiase su pensamiento, o creía cambiarlo, rompió el silencio con una llamada a un viejo amigo, mientras marcaba sintió que debía estar mas atenta que nunca, que las pocas clases de defensa personal le podrían servir de algo en las tres cuadras solitarias que le quedaban por recorrer, sus manos estaban mojadas, y por su cara corría una lluvia mas helada que la normal, noto nuevamente los pasos pero esta vez mas cerca, acelero su caminar, pero alguien comenzó a correr, decidió enfrentarse y voltear, cuando volteo, no vio mas que una calle vacía, y unos sumideros juntando aguas, pero seguía ahí, de pronto el viento se volvió mas intenso, la lluvia mas rápida , y los goterones mas fuertes, llevaba una gorra que las corrientes le arrebataron, y le obligaron a retroceder, corrió cerca de media cuadra, se agacho para tomarla, cuando sintió ese paso fuerte y húmedo a su lado, sintió su corazón acelerarse y su cuerpo volverse frio, miro , pero nuevamente no vio nada.

Tomo su bolso, miro el cielo, y corrió salpicando agua por todas las cuadras que faltaban hasta su departamentito, con unas manos moradas por la acumulación de ese líquido frío entre sus dedos, forzó la cerradura que siempre permanecía apretada, era un departamento viejo, por lo cual las tablas sonaban ante cualquier presencia, encendió las luces del pasillo, dejo su bolso y bebió un vaso de agua, caminaba a su dormitorio a buscar un secador de pelo, cuando observo una pequeña lámpara encendida en su habitación, y unos pasos intermitentes que le asustaban en demasía, era su madre, con unas de esas expresiones amargas, todo se daba por entendido con esa mirada, y notó que aquel viaje era el último en compañía de su padre.





Laura

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