domingo, junio 14, 2015

Cienmpiés

Para las relaciones largas,
y sus rupturas inmaduras


Estaba caminando atrasada y con una media rota, todo había salido mal, llegaría tarde a la reunión y debía pasar a comprar otro par de medias antes de la misma. Es que si llegas tarde, al menos que valga la pena.

Me detuve de pronto en una librería, en su vitrina había un libro que me parecía tan familiar, con siquiera haberlo leído. El solía llamarme ciempiés, porque en un sólo día hacía un millón de actividades y aun así tenía tiempo para abrazarlo cuando la noche caía. Entré a husmear en el local, y había un cartel que anunciaba que el escritor hablaría del libro aquel mismo día por la noche.

Llegué a la reunión con la sonrisa de que has llegado tarde y lo sabes, que te disculpen, y que no volverá a ocurrir. Era otra de esas reuniones en las que piensas que nadie tiene una idea de lo que habla y solo se reúnen para recalcar su importancia. Me pasé la tarde leyendo reseñas del libro, buscando noticias sobre él, pero no habían más que fotos antiguas.

Me cambié las medias y partí a la librería, había un montón de chicas universitarias, un olor a café recién hecho y repartían galletitas entre los asistentes. Me senté en el fondo, lo suficientemente cerca de la puerta como para arrancar si era necesario. Y apareció, aun tenía esas margaritas en su rostro que me enamoraron en dos semanas y que en tres meses nos llevaron a vivir juntos.

El decía que "Ciempiés" era una obra de perdón y obsequio, al único gran amor de su vida. Contó que mucho antes de hablarle, la miraba caminar todos los días al trabajo, preguntándose cuando por fin la invitaría a un café. Se demoró un mes en hacerlo, pero lo hizo a la salida del trabajo, cuando ella traía una cara de agobio y simplemente le respondió - "Mejor vamos por un trago". Bastó un tequila para saber que esa mujer era increíble, y bastaron tres para que tuviese que ir a dejarla a su casa.
El amor con ella nació como una planta cultivada con aprecio, desde la raíz, hasta sus más bellas hojas. Pasaron un par de años, y así como el tiempo pasa, las aspiraciones cambian. Ella quería hijos, y yo no lo había planeado ni en una vida entera. La dejé para que conociera alguien nuevo, alguien que quisiera una familia con ella. Me fui del país por cuatro años a realizar mi doctorado, y en ninguno de esos años conocí a una mujer como ella. Me di cuenta que no se trataba de niños, que se trataba del mundo, y el mundo lo quería con ella, que antes solo tuve miedo y continúo.

Me fui en el momento en el que dijo que quería el mundo conmigo, porque no lo soportaba. Sólo fui por curiosidad, por qué anécdota contaría de mi. Cuando decidiste marchar, ojalá lo hubieses sabido mejor, porque mi corazón no se recompuso ni en un mes ni dos, demoró casi un año. No podía quedarme, porque no podía cruzar los ojos contigo sin que todo se rompiese denuevo.

Elegiste el miedo antes que a mi, 
al menos el otro no sufrió.


Laura





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