lunes, diciembre 29, 2008

La ventana

Para quien sufrió
el tener que mirar dos veces


Podría llover toda una semana, podrían desaparecer todas las estrellas y no cambiarían en nada las situaciones, porque basta saber que estás junto a mi, que puedo mirarte de reojo, o estás sentado en la banca fuera de casa, para notar cuan feliz estoy , y cuan feliz seré. Recuerdo que aquella noche estaba un poco impaciente, al día siguiente cumpliamos un año de relación, lo que más me contentaba era que seguía amándote, parece que a demás enfermé, porque me dieron dos inyecciones para mejorar, me fui a dormir a la habitación de siempre, sentía tu respiración a mi lado, y tu mano acariciando mi rostro.
Comencé a sentirme decaida pero deseaba mirar por la ventana ver el claro óceano que siempre mirábamos tomados de la mano despues que ibas a dejarme a casa luego de una caminata nocturna.
Somos la dupla perfecta, los amigos inseparables y los enamorados empedernidos, los que nacieron para formular una historia de cuentos.
Seguía inquieta al despertar, seguía sin verlo, quizás demoraría en llegar, tuvo que realizar algún trámite, o no encontró mis flores favoritas, los tulipanes amarillos.
Mamá se me acerco junto con mi hermana menor, traía flores, tulipanes , decía que mi novio no podría venir hoy, que había tenido que trabajar arduamente, con lo cual asentí con paciencia y mucha pena. Pero algo raro ocurría dentro de mi, era como si esto ya hubiese pasado, llegué a mi habitación a guardar el tulipan en un escondite que se me ocurrio en aquel momento, y encontré otros treinta escondidos igual, algo funcionaba mal, derrepente miré mi habitación y noté la ausencia de mis fotografías de niña, miré por la ventana y reparé en que no era mas que un cuadro, fue cuando abrí los ojos y me di cuenta que la que estaba mal era yo.
Entre los tulipanes encontré una carta, hecha por mi puño y letra antes de enfermar, decía que los médicos y mamá comentaban que estaba en proceso de enloquecer, y había un sólo motivo, él, quien regalaba mi sonrisas, y otorgaba mi equilibrio, había muerto.
Luego de enterarme de dicha información, partí al cuarto de enfermería, tomé suficientes medicinas para intoxicarme,las guardé en mi mano, apreté el puño, pero me las arrebataron, las enfermera me miró a los ojos y me pidió que estuvise tranquila, tengo una sensación extraña, como si todo, ya hubiese ocurrido alguna vez.


Laura

1 comentario:

Anónimo dijo...

Algo te había dicho, que lo que escribiste me hizo pensar sobre lo relativa que puede ser la vida.
Quizás es una exageración de mi parte, pero nos puede pasar que estamos creyendo que vivimos de cierta manera, y de pronto llega un signo de que todo lo que creías en un pasado no encaja con la realidad que ven los otros.
Y no implica necesariamente estar loco, sino que sólo es una diferencia de perspectivas.

Aunque un Deja vú como el que contaste acá es un caso más extremo, nos puede servir como lección de vida a todos, para que tengamos cuidado sobre nosotros mismos, porque nuestra existencia es frágil y vulnerable a los cambios.