A los presos,
Ella vivía en la misma calle hace mas de cinco años, y siempre se topaba con un chico de ojos verdes antes de irse al trabajo, al parecer vivía cerca, ella lo quedaba mirando hasta que se subía a su auto, lo mismo hacía él, pero más que eso no pasaba entre ambos, al parecer el chico tenía una novia, siempre se veían los viernes por la noche, salían a cenar y luego veían una película, entre otras cosas, algo le hacía pensar a la chica que era bastante especial, quizás lo era su mirada dulce, o un extraño aire familiar que le provocaba.
Todo marchaba en una perfecta indiferencia, hasta que llego un día lluvioso, el auto de Emilia parecía estar averiado, ella se disponía a cruzar la calle para ir en busca de un autobús, cuando pasó él en su móvil, pero no, no la llevó en el, lo que sucedió fue que la dejo empapada al pasar sobre un charco muy cercano a los dos. Creo que los ojos tiernos de Emilia se llenaron de una furia indescriptible, y los verdes de Gaspar de un perdón indiscutible, se detuvo al instante, secó su cara con su chaqueta, y puso un paraguas sobre su cabeza, entró a la casa de la chica para poder disculparse mejor, ella había pasado su enojo, ya que al fin el había traspaso la pequeña línea que separaba su living de la vereda, le ofreció un café, se seco el cabello mientras, hasta que el insistió en llevarla al trabajo, sorpresivamente trabajaban casi en los extremos de la ciudad opuestos, encaminaron con prisa ya que ambos ya iban demasiado atrasados, y la charla no se la llevo mas que comentarios de la reciente situación.
Llegó algo desastrada al trabajo, algo apurada, y con el botón de su blusa abierto, aquel botón que la dejaba con un escote provocador que notó cuando sus compañeros la miraban con cara de babosos, lástima que ninguno valiera la pena, se cerró hasta el último botón y los miro con expresión de niña buena, esa mañana y tarde se hicieron un poco largas, lo bueno es que su oficina tenía un ventanal grande que le permitía ver la magnificencia de dichas gotitas de lluvia, ese sonido espléndido que la hacía transportarse a un clima de relajo cada diez minutos .
Ya eran las siete, al fin se marchaba después de aquel día atroz, pensaba en tomar una rica sopa al llegar a su hogar y dormirse temprano viendo una película.
Cuando se aprestaba a abrir su paraguas alguien puso uno sobre su cabellera, era él, Gaspar, con un ramo de rosas en la mano, y una invitación a cenar en la boca. Juró y rejuró que estaba en un libro de cuentos, creyó que no era más que su imaginación cuando cayó en la cuenta de que el estaba ahí de carne y hueso dándole la sonrisa más dulce de su vida. El restaurante estaba algo abarrotado por lo cual dejaron el auto bastante lejos, caminaron dos cuadras con la lluvia golpeando sus zapatos, fue una conversación grata, una química incomparable, y un brillo místico en cada par de ojos, le contó que su hermana lo visitaba cada viernes, y salían a compartir un rato como en los viejos tiempos, al final Emilia escucho algo que deseaba pero se negaba a creer dicha posibilidad, a fin de cuentas podía quererlo con tranquilidad, salieron bastante tarde, pocas mesas quedaban ocupadas, el abrió su paraguas y la tomo de la mano, cuando llegaba una cuadra recogió una margarita, bajo su paraguas y la beso. Sí, quizás fue rápido, pero llevaban cinco años de miras furtivas, en las que por miedo u orgullo no habían cruzado palabra, pero en cuentas, eran cinco años de conocerse.
Ella quería creer que todo seguiría bien, que la luna seguiría menguante, y la lluvia dándole en la cara, pero sabía que de un segundo a otro todo puede variar, así que decidió sentir el momento y lo besó.
Seguirá corriendo el viento,
o dejará de hacerlo,
pero todo seguirá igual,
ya verás
Laura

1 comentario:
como para una pelicula ...
pasara en la vida real??
no perderé las esperanzas :D
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