No es autobiografía,
ni mucho menos una subida de ego,
es simplemente una gota de tinta,
de ese tintero que llamo mi vida.
ni mucho menos una subida de ego,
es simplemente una gota de tinta,
de ese tintero que llamo mi vida.
Ella caminó veinte leguas, vio el clima cambiar y el sol esconderse para ponerse un pijamas blanco, lo volvió a ver cuando ya lo había dejado doblado en un cajón, observó dos estrellas fugaces caer y pidió deseos en vano, sabiendo que sólo era una superstición, llevaba una pequeña mochila, en la cual tuvo que ir dejando colgar sus pertenencias por cada posible amarra, mojó sus pies en tantas lluvias, pero supo secarlos a tiempo, antes de enfermar, porque simplemente no había quien cuidase de ella, de pequeña se paraba frente a los letreros de los negocios, esos triangulares que lucian a fuera de estos, los miraba fingiendo leerlos, porque aun no sabía pero quería aparentarlo, veía jóvenes mayores o ya adultos caer por su juego de piezas en aquel tablero de ocho por ocho, cubrió su cabellera con un gorro sus ojos con unos lentes, y pocas , pero algunas veces sacó su cabeza y notó que los demás todavía no llegaban, lo que bosquejaban sonrisas infinitas, pasó por cambios, dió saltos importantes, dejo de ser despreocupada, a tornarse meláncolica y reflexiva, comenzó a pensar tan rápido historias buenísimas que el papel no era suficiente para absorverlas como tan rápido escurrían por su mente los tejidos de oraciones, aunque lo logró, un día frío de invierno al fin encontró la fórmula, tuvo miedo a un gran cambio, a un alejamiento nada de progresivo e intenso, pero contuvo su pena en aquel hombrecito dos años mayor que ella en edad, que juraba ser su bebé, pero que la hacía sentir en casa, vió el éxito tocar su puerta, el télefono sonar dos días entero anunciando buenas nuevas, y el objetivo idealizado por dos años cumplido, se enfrentó con miedo a lo nuevo, y resultó, cayó en la confusión y salió de ella, aunque costara un año, luego se sintió segura, el problema fue cuando dejó de preocuparse de lo importante, y por primera vez cayó de verás, ganó un poco más de fortaleza y de visión de las nimiedades, miró el mar tranquilamente y supo que estaba inmóvil y nada valia la pena, sucedió, sus errores estudiantiles la llevaron a tal, pero todo saldrá bien, sigue siendo una buena persona, o es lo que intenta. Al menos tiene buenos amigos, unos dedos que le permiten desahogarse en historias, y una aspiración de aire fresco interminable.
Seguiré siendo la princesa de siempre aún con viente años,
o los que vengan.
Bárbara
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