martes, diciembre 29, 2009

helado sabor verguenza

Para los que tienen
un destino acertivo,
y para los esperanzados.


Caminaba descalza tratando de escapar de aquella habitación sin que se dieran cuenta, el silencio del amanecer la abrazaba y la contenía, se puso los zapatos ya fuera de ella, estaba frente a la puerta de salida cuando un despertador empezó a sonar a las 6.30 AM y era como si el balde de agua fría le diese de lleno en la cara, logrando así su fin maquiavélico de dejarla en evidencia, pero sin pensarlo dos veces abrió la puerta, la cerró sin más cuidado y bajó corriendo por las escaleras desde el piso diez, no intentaba dar una explicación a sus actos, sólo quería escapar, viajar cuarenta minutos, y estar nuevamente en la tranquilidad de su hogar.
Aquella noche había sufrido una de esas penas de amor que duelen, no el que te dejen de querer, ni el que piensen que la relación no funciona. El que te traicionen con una amiga, doble traición en realidad, ella no lo soportó de buena manera, tras llorar una hora, se secó las lágrimas, se encrespó las pestañas, un poco de rímel, y salió en búsqueda de algo de beber, entre copa y copa conoció a un tipo algo también desdichado en aquel momento como ella, hubo esa complicidad inmediata que ella buscaba con ansias en dicho instante. Cuando ya entraba la noche Amanda, ya bastante ebria, aceptó la invitación de dicho desconocido para acompañarlo a su departamento, mal Amanda, mal.
Un desconocido, un mero compañero de desdicha, que anormal en mí se decía una y otra vez, se consolaba repitiéndose al menos era guapo. Su cabeza seguía hecha nudos, alimentó a su pareja de pajaritos y se duchó, se vistió de modo lento y ni siquiera quizo tomar desayuno, la pena seguía latente, y se la recordaba cada fotografía en su habitación, como terapia, decidió botarlas todas, porque no había otra alternativa.
Salió de compras, quería un poco de helado y chocolates, para inyectarse un poco de felicidad, fue al supermercado del centro, porque era un poco exquisita con los helados, y sólo le apetecían unos importados de Alemania. Estaba caminando despreocupada con su canasto al estilo Caperucita roja, cuando lo divisó doblando un pasillo, se coloró al instante, y rogaba que no la hubiese visto.
Caminó en sentido contrario dando por pérdidos los chocolates que estaban en su dirección, y se conformaría con helado, estaba decidiendo que sabor, cuando una suave mano le cubrió los ojos.
Si denante dije que la jovencita se puso roja, ahora su rostro estaba a punto de explotar, estaba muy avergonzada, y el chico no dejaba de sonreírle dulcemente. Amanda no recordaba lo dulce que era, lo cálido y confortable. Y se dio cuenta que fue más que una complicidad urgente, fue una complicidad natural, y mero destino.
Esta vez ella lo invitó a comer helado a su casa, rieron toda la tarde, y el se fue antes que oscureciera, le dio un beso en la frente y le prometió que se volverían a ver.
Mientras se preparaba una taza de té, sonó su celular, y decía "Amor", era su ex-novio, que había olvidado cambiarle el nombre o eliminarlo. Esos típicos arrepentidos que no pierden la esperanza, le rogaba que lo perdonará y que volvieran, ella sólo le dijo breve y preciso: si me quieres, olvídame.
Amanda todavía se sonrojaba pensando en todo lo alocado que sucedió en tan pocos días, pero las margaritas flotaban por su rostro, era imposible no quererlo, era la ternura, la dulzura y el experto en hacer reír en persona.
Esa mañana al despertar había un sobre amarillo en la entrada, había sido lanzado por la puerta, lo leyó en voz alta "Toma un cohete a la luna que te espero en la estación de aterrizaje", quedó desconcertada, diciendo un fuerte ¿AH? escuchó una risa maliciosa tras la puerta, y era él, venía a tomar desayuno de sorpresa, trayendo café y pastel. Ahí estaba la chica despeinada y todavía con su pijama de ovejitas, el simplemente dijo sabía que te verías dulce al despertar, pero la verdad te ves extremadamente dulce y bonita.


Un error,
a veces es un acierto,
casi siempre no lo es,
pero por el es,
ella vivía.



LAURA


1 comentario:

Anónimo dijo...

vale la pena ser un lector lento por cosas asi