
¿Por qué recordarlo todos los días? Si sufría y botaba lágrimas por centenas cada vez que sucedía, todos sus amigos lo sabían hace un mes, él novio para el cual siempre estaba y siempre podía ayudar, había encontrado una mejor compañera, y nadie tenía el valor de decirle lo que pasaba. Lo peor es enterarse mientras cotilleaban y reían de su situación. Todavía recuerda las excusas de sus amigos, "sólo son bromas inocentes", "si estuvieras en nuestra situación lo dirías pero solo para reír, no lo sentirías" y bla bla bla.
Su familia llevaba meses hablándole sólo para agradecer los depósitos o los regalos de navidad y cumpleaños. Estaban tan lejos en distancia y en relación, era hora de saber que no contabas con ellos.
Así que optó por lo sano, era joven y podía tomar otro camino, no estaba atada a nada, así que partió.
Fue un día de pijama y no hacer nada, aún no terminaba de desempacar y las maletas se encontraban cerradas debajo de la cama para evadir la tarea, pidió comida a un delivery y disfrutó no tener que lavar loza sino botar cajitas. Estaba comiendo cuando recibió un correo de la empresa, indicándole que llegar a otro lugar el lunes por la mañana pero uno de sus compañeros pasaría por ella, fue cuando quizo revisar el otro correo, el que tenía de uso personal y de toda la vida, sus ojos se agrandaron al no ver ningún correo. ¿El problema? Un año de inactividad cerró su cuenta, pero instantáneamente comenzaron a llegar cientos de e-mails, publicidad, recordatorios de cumpleaños, etc, cuando se detuvo y llegó a las fechas recientes, contó cerca de quience e-mails de su novio y otros diez de sus amigos, puedo que no quisiera saber de ellos, pero tantos escritos, "la curiosidad mató al gato" en este caso.
Se llevó el computador a la cama y comenzó a leerlos, se levantaba al baño cada dos minutos para sonarse la nariz, no era fácil volver a saber de ellos, leer explicaciones, disculpas y peticiones de retomar la amistad, le enviaron una foto de todos sus amigos con un gran cartel que decía perdón, eran lindos gestos pero todavía dolía lo sucedido. Él por su parte se deshacía en disculpas, que ella no era importante, que sólo había sido porque se sentía abandonado por parte de ella, pero que la amaba en serio. La cuestión es que a él lo amaba demasiado, hubiese nunca querido separarse de él, y cada día despertaba con ánimos de gritarle te amo, así es que jamás lo hubiese engañado, lo que él había hecho no hablaba más que del poco amor que la tenía a ella y la poca entrega en dicha relación. Se quedó dormida sobre el cubrecamas llorando junto al computador.
Una bocina sonaba una y otra vez fuera del edificio, era un ruido extremadamente molesto, posteriormente sonó tu citófono "Soy yo, Alberto, ¿Te quedaste dormida o qué?". Nunca era impuntual, así que fingió un dolor de estómago, se vistió rápido y se echó bastante perfume, tomó un paquete de galletas y una leche chocolatada y bajó volando los escalones. Saludó rápidamente a su compañero y se introdujo en el auto.
No habló mucho durante el trayecto, su mirada se perdía en la ventana, además que su compañero era un poco molesto, en la única semana que habían compartido lo encontraba algo tonto y de comentarios estúpidos. El día sorpresa no era de trabajo era una de esas jornadas anti-estrés y para unir al grupo.
Llegó a casa y seguía sintiendose extraña en la ciudad, bastante sola para ser clara, pensó en perdonar a sus amigos, era algo díficil de decir que no les correspondía y así lo hizo. Luego de eso volvía a sentir el apoyo de alguien, se sentía alegre y más tranquila, tenía a quién contarle sus dramas y tristezas en la lejanía, así como las alegrías de compartir con sus vecinos y el agradable clima laboral.
Hay veces que quieres entender por qué sucedieron las cosas, en este caso por qué la engañaron, pero ella seguía sin encontrar motivo, porque ella nunca lo hubiese hecho por más tentación que tuviese, decidió pensar que son parte de los errores que cometemos en la vida, no quería seguir sus días con rencor, aunque eso no quitaba la pena, lo amaba aún, simplemente lejos estaban mejor.
Todos estaban cuando volvió, amigos de ella, su familia, amigos de la familia hasta su ex-novio, quizás no fue la mejor decisión que tomó, pero a veces la tristeza va más allá, aunque te fuerzes a escapar de todo, esa herida siempre está ahí, el no poder contar realmente y siempre con nadie, resultaba algo escalofriante.
El apartamento conserva el blanco invierno, sólo tiene las cortinas violeta, aunque una pequeña foto de su niñez quedó olvidada ahí, cuando fueron a empacar sus cosas, el mismo joven de la empresa dijo adiós, pero nunca obtuvo respuesta.
Laura
1 comentario:
Me gustó tu trilogía.
Está bien escrita y entretiene leerla.
No sé que más decir... en el fondo todos nos hemos sentido como Amanda alguna vez en la vida.
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