domingo, enero 30, 2011

¡ Corre !

ADVERTENCIA: Si usted no leyó la historia anterior no lea esta, porque es una continuación.


Miró una vez más, el seguía mirándola, decidió correr y aceptar que todo a lo que había renuncidado podía tener una segunda oportunidad. Eso sucedió hasta que una turbulencia la despertó en medio del vuelo a Sabadell.
Llegó a la ciudad en medio de festividades, por lo cual la gente se veía bastante alegre y agradable. Un chico de la empresa llegó a recogerla para llevarla al apartamento que le habían rentado, subió las maletas con dificultad hasta el cuarto piso del edificio sin ascensores, claro, el joven ayudó, pero no le gustaba ser tan negrera, por lo que cada uno llevó uno de los bolsos, ¡y cuanto pesaban!. El lugar era bastante lúgubre, las paredes estaban pintadas de un blanco invierno, y sólo los marcos de la ventana tenían algo de color. Si iba a estar un año ahí, esperaba un clima más alegre para su nueva estancia, luego de acomodarse, buscó el hervidor y preparó una taza de té, sacó unas galletas del bolso de mano, y acerco la pequeña mesa a la ventana, para tener la vista al parque cada vez que comiera.
Sólo sacó de las maletas algunos trajes para colgarlos, lo demás quedó para después y se durmió temprano.
Despertó temprano porque el sol golpeaba en su ventana, luego de los típicos quehaceres mañaneros, salió en búsqueda de una ferretería para comprar algo de pintura, además de cortinas más gruesas, el conserje del edificio la orientó bastante. Este era un tipo pequeño y regordete, pero se veía bastante amable, aunque le dio la mala noticia de que por la tarde había una reunión de propietarios y arrendatarios, en la cual se multaba la inasistencia, odiaba esas reuniones.
Compró un tono que no puedo recordar bien, pero era calipso oscuro mezclado con azul marino, bastante lindo y unas cortinas violetas. Nunca había pintado, ni lo haría, esperaría encontrar en la empresa alguien que hiciera tal trabajo.
Intentó parecer enferma cuando volvía al edificio con las bolsas de la ferretería y algo de comida, pero el conserje sólo sonrió. Siempre fue una mala actriz.
Le alcanzó el tiempo a penas para tomar un café y fue a la maldita reunión, que siempre tienen a los tipos que repiten su idea una y otra vez con otras palabras, como queriendo parecer sólo un concepto con muchos y muchos fundamentos. No hablo mucho, pero fue escalofriante la sensación, en cada uno de los presentes, podía identificar a uno de sus amigos, o ex-amigos como dijimos antes, el parecido era grave.
Se presentó a no más de tres personas, bastante agradables y que la invitaron a salir al siguiente fin de semana. Al parecer eran amigos.
Volvió a su apartamento, se sentía sola y lloró.
La primera semana marchó bien en la empresa, todos se sentían bastante agradados de su presencia, y no la sentían como una amenaza sino como una compañera de labor, que más bien la facilitaba enormemente. En su grupo de trabajo eran cuatro hombres, dos intentaron invitarla a salir el primer día, el tercero el segundo día y el cuarto buscando hacerse el más interesenta esperó el viernes. Pero ella estaba bien así, sola por ahora, además había quedado ya para el fin de semana.
Salió con algo más de los tres amigos que conoció en la reunión, era al rededor de ocho, en todos los cuales encontraba alguna de sus amigos. Andubieron por tres bares y terminaron en una salsoteca, conversaron, bebieron y bailaron en demasía, hace demasiado que Amanda no se divertía tanto.
Cuando llegó al apartamento, cayó en la cuenta, ninguna de las personas con las que salió en aquella noche se parecía en lo más mínimo a alguno de sus amigos, esto la hizo resolver que era ella misma la que los extrañaba y trataba de encontrarlos en otros, que no la hicieran sufrir denuevo, ni la hicieran perderse.



Laura

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