Para ti, que el destino te obligo
a soltarle la mano
pero que tarde o temprano
renaciste.
a soltarle la mano
pero que tarde o temprano
renaciste.

Estaba para que mas congelada, si era aquel día de invierno a la siete en punto de la mañana, te esperaba en aquella plaza solitaria para tomar el rumbo que planificamos por seis meses, estaba con la maleta en el banco, con las gafas de sol y el pañuelo en la cabeza, puesto que comenzaban a caer unas gotitas que amenaban con traer un torrente de ellas. Te esperé cinco minutos, y cogiste mi mano y caminamos, eran ocho cuadras hasta la estación de trenes, nos escapabamos ni siquiera sabiamos bien de que, pero queríamos estar sólos de una buena vez.
Compramos dos boletos de ida, sin pensar en el regreso, mientras la señorita por la ventanilla nos insistía la oferta, que no sabía ella que nosotros viajabamos sin rumbo, has de callar mujer, que los planes lo fabrican estrategas, no vendedoras de boletos. Nos fuimos a un lugar que no diré por cuidad de ambos, el viaje duró cinco horas lo suficiente para que no nos encontrasen en menos de un año, arrendamos una habitación fingiendo ser estudiantes, cambiamos nuestros nombres y apellidos.
Teñimos nuestros cabellos e intentamos nos vestir como los de antes, para no ser reconocidos por alguien que leía el periodico barato, al único en el que podían adceder a poner un aviso de búsqueda. Comenzamos a trabajar porque el dinero se nos acababa, yo era mesera de un restorant no muy fino, donde a veces los clientes querían sobrepasarse, ahi aprendí a dar buenas cachetadas, pero tambien ahí conocí a un tipo que me robó mas de dos sonrisas, lo que fue suficiente para preocuparme, esa noche llegué a la habitación y lo miré a los ojos, pidiendo perdón sin decirlo porque por unos momentos pensé en que quizás el tipo de la cafetería me pudiese gustar. Pero el siguió insistiendo, iba todos los días a la misma hora, y el cuarto día, cuando yo retiraba su cuenta, dejó una margarita en el receptaculo junto con el dinero y se fue.
Esa noche no lo pude mirar a los ojos, era mi amor escapista, y no lo podía dejar ni cambiar, teniamos el destino juntos, planeado y efectuado. Me lavaba los dientes cuando me cogiste el rostro con las dos manos, sos lo más lindo que tengo me dijiste, nuestro amor no tendrá fin como todo lo tiene, yo te quiero y tú a mi, con eso me basta para existir. Seguí lavandome los dientes y escupí tan fuerte intentando sacarme al tipo de la cafetería de mi corazón.
Ese día cambio el destino, porque mi escapista no volvió, tampoco a la otra noche, había tenido un accidente, lo descubrí cuando recorrí hospitales, estaba grave, e inconsciente, le dije al doctor que sólo estabamos de paso, puesto que había derecho que muriera junto a sus padres, le dije cual era su dirección de siempre, por que el médico lo dijo, el moriría en un día o dos. Aquella noche me quedé contigo antes que llegaran tus padres porque no podría veros, yo era escapista amor, tu dijiste escaparíamos juntos y no volveríamos antes de que no pudiesemos evitarlo. Te compré dos rosas, una blanca y otra roja, la blanca porque nuestro amor siempre fue fiel, y la roja por la fuerza que nos mantuvo unidos los mas maravillosos días.
Volví a mi trabajo en la cafetería, con los ojos hinchados de tantas lágrimas, y me mudé a una habitación más pequeña, puesto que ahora sólo vivía yo, tenía una foto tuya en mi cuarto que miraba todos los días y la conversaba de lo que ocurría , no sabía que quería así que comencé a estudiar idiomas por las mañanas, y trabajaba en la cafetería de tarde, el tipo que me rondaba en ella ya no pasaba nunca.
Según la profesora era muy buena, y si lo era sufieciente podría quedarme trabajando allí ,el curso duraba dos años, así que sería el tiempo en el que podría tener una vida ordenada y estable.
Pero ese día llovía cántaros, tanto como lo hizo luego de que dejamos nuestra ciudad natal, la diferencia era que aquel día no se notaba, porque iba cogida de tu mano, y así sólo veía nubes. Lloro siempre que te veo en aquel recuadro cuando llego a la habitación y entre lágrimas estudio las lecciones.
Y fue, un sábado por la mañana, realicé horas extras porque necesitaba un libro para mis estudios, y pues llegó, llevaba una cabellera al viento, de color castaña, no me había fijado pero tenía unos dulces ojos miel, y me miraban y no dejaban de hacerlo, me incomodaban tanto que decidí ir donde él, y decirle pues que se traía, cuando me decía que sólo miraba el brasalete que traía en la muñeca, cuando vió mi cara de espasmo se hecho a reír, no, no, sólo veo tu sonrisa, es que sabes me alegra siempre los días, me dijo que había poca gente, que me sentase a beber un café con él, estudiaba letras y escribía libros con publicaciones anuales, y me regaló uno que había publicado recientemente, y luego, como siempre, se fue.
Tomé el libro y lo guardé en mi bolso, esa tarde me senté en la cama a leerlo, y creo, si es que no soy muy egolatra, que se refería a mi, puesto que su dedicatoria decia " A la sonrisa que me alegra el día " , lo leía un poco porque tenía que estudiar, cuando llegaba a la página treinta y dos, encontré una nota, te veo a las siete en el parque, en el único árbol que da sombra a esa hora. Eran las seis con cincuenta y ocho. Me puse el abrigo color mora y el pañuelo gris en la cabeza, no sé porque lo hice, pero encaminé hasta verlo, cuando me faltaba sólo un tramo me arrepentí y di la vuelta, mientras tu llegabas corriendo y tomabas mi mano, fue la sensación, el ruido de los arboles y el frío, heché a llorar, tú tan sólo me abrazaste, mientras yo botaba lágrimas, nos sentamos en una banca y me secaste el rostro, No preguntaste nada, y yo nada quería responder. Era como si todo sucediera denuevo, otro comienzo, me acerqué a ti, tomé tu mano y te besé. No se con que motivo ni justificación, era como si el viento me dijera que lo debía de hacer, que estaba escrito, que no era más que la participante de una historia, donde yo era la escritora, pero todo se antecedia.
Aquel día, superé tu pérdida, y volvió la ilusión, dejaré de ser escapista, y comienzo a vivir de un sueño, hoy volvío la parte que te llevaste de mi. Mis padres se alegraron de recuperarme, y los tuyos estan destrozados, les conté nuestras vivencias en la lejanía y creo haberlos reconfortados, porque moriste con el plan idealizado.
La señorita de la estacion de trenes no me recordaba, pero yo la saludé cuando pasé por ella, y le dije que estaba vez sólo regresé yo, pero que si quería un pasaje de vuelta.
La foto siempre permanecera en mi cuarto
pero en aquel pintado de rojo
el que llaman corazón
Laura
> Bárbara
1 comentario:
tremendo testo.
que estés bien amiga, hablamos por ahí.
un beso.
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