martes, agosto 12, 2008

La melodía de las tres con quince

Para aquellos amores,
que dejan de tener nombre,
sin dejar de sentir



Volvías por un breve tiempo, por lo que te invité a cenar a mi apartamento para comentar un poco de la vida, sin mencionar lo que te extrañaba, pero nuestra relación había sido así intensa, romántica y perfecta, hasta que te ofrecieron aquel trabajo en ciudad lejana, lo que nos obligó a terminar lo construído en esos trece meses, uno que otro día de esos tiempos creía que serías mi último amor, el que me acompañaría el resto de la vida, y con el cual conformaría una pequeña familia.
Volvía con los biberes que había olvidado en el supermercado, el almacen estaba como esas pocas veces abarrotado, por lo cual me quedaban treinta minutos si es que eras puntual para terminar la cena. Tú comida favorita.
Erán las diez con cinco, y yo rogaba que tardaras un segundo más, cuando sonaba el timbre. Me apronté a atenderlo al instante que te veía llegar acompañado de una dama guapísima, mientras se me rompía el corazón por tu rápido reparo. Pero era tu hermana insististe, quería conocer a aquella jovencita que logró robar tu corazón tanto tiempo en el pasado. Traías una botella de vino, ese que bebiamos cada tarde de un sábado, despues de ir al cine, y antes de salir a bailar.
Ese día utilicé un vestido azul, unos tacos grises, y unos aros que hacían juego, decías que ni siquiera un cuadro de picasso podría alcanzar la belleza que iradiaba ese día, y yo ahí, era el acto en que procedia a colorarme el rostro. Hablamos de temas varios, de tu nuevo trabajo y compañeros, el apartamento que alquilabas en un barrio de ejecutivos. Para mi gracia nunca reparaste en un nuevo amor, con lo cual podía concluir que permanecías soltero.
Nos fuimos a acomodar al living para fumar unos cigarros y beber el vino mientras jugabamos poker, fue cuando se cruzaron nuestras miradas, con el cerebro nebuloso con el alcohol de aquella bebida, te acercaste a mi, y me acariciaste el rostro, diciendome que jamás habías dejado de amarme, espero que tu tampoco, ahí fue cuando decidí besarte, como iba a dejar de hacerlo, si me acordaba todos los días de ti, cuando escuchaba nuestra canción a las tres con quince, siempre llamaba para programarla y dedicartela, dudo que en alguna oportunidad la hubieses escuchado.
Me pediste que me fuese contigo, pero ello me obligaba a renunciar a mi buen situado trabajo, y a los amigos que guardaba el hogar, me pides que dé el salto, que vaya contigo y prometes empleo. ¿Por qué he de aceptarlo, acaso tu trabajo es más importante que el mío?, esa es la respuesta que esperaba amor, decidida, clara, e independiente, pues te tengo una grata sorpresa, estoy de vuelta, ya no me iré más. Pero ahora ya no quiero estar más lejos de ti.

Parecieron dos siglos, que se reducieron a un instante.
Esta vez seremos tu y yo,
Quiero estar a tu lado, verte al amanecer,
al atardecer, y al anochecer.


Laura




Bárbara

No hay comentarios.: