lunes, julio 13, 2009

Monólogo gélido.

Al que fue amor,
y así dejó de serlo.



El hielo del clima por las noches, me toma la mano y acaricia mi rostro, es cuando necesito tu abrazo rodeando mi cintura, y tus ojos clavados en mi mirada, sin pedir más que un sólo beso.
Romperé tres frascos, y la caja que contiene nuestras cartas, las quemaré para dejar los recuerdos, y vivir los días, para sólo confortarme con la sonrisa del mañana, y de las largas caminatas de cada tarde, intentaré bosquejar en las nubes lo que en la tierra no tiene cabida, que es el amor entre los dos.
Recorreré una tierra no fértil, y haré surgir rosales en mi pasar, forjaré las sonrisas cuando tus lágrimas inunden tu rostro, y seré el brazo que te apoyará en cada caída.
De seguro llegará el día en que nuestros caminos se separen, para ese día no tengo calendario, y no pretendo fecharlo, simplemente espero que aun no sea, para conquistarte mientras pueda, y así ofrecerte una dulce compañía, y una tibia charla que te convenza de quedarte a mi lado por la eternidad, a comprar las verduras por la mañana, y caminar hasta la escuela que eduque a nuestra descendencia. Haremos un pacto, de esos que no se trizan ni menos se rompen, será como dejarlo colgando de una estrella, siempre visible, y jamás alcanzable para no hacerlo desaparecer.
Llegará el día en que tenga un jardín, y corte las flores cada domingo, para visitar tu lecho de muerte, contarte que tal están tus hijos, a veces llevarte la compañía de uno de ellos, y además hablarte de mi vida, o lo que queda de ella sin ti.

Sin embargo, me fuerzas a romper el sueño, y es ahora cuando fuerzas a crear mi jardín, dejarte flores sin compañía, y no tener charlas tibias, sino monólogos que me hagan recordarte en cada estrella en la cual colgué una promesa que nunca te conté.

Hoy intentaré tomar el otro camino, el de renacer como cualquier fénix, teniendo una parte de mi corazón no tu muerte, sino tu vida.


Laura

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